La sexualidad es un aspecto del desarrollo que está presente y se manifiesta de diferentes formas desde el inicio de la vida hasta la muerte.
Forma parte del impulso vital que enfoca nuestra acción a la supervivencia y a la búsqueda de placer. Esta energía destinada a proporcionarnos sensaciones placenteras a través de nuestros sentidos es la misma con la que contamos para descubrirnos a nosotros mismos, a los otros y a nuestro entorno. También será este impulso de conocimiento el motor del desarrollo cognitivo más adelante.

La sexualidad está estrechamente vinculada a las experiencias sensoriales primarias.
El bebé inicialmente siente el placer de ser sostenido, la mirada, el calor y el olor del contacto con la piel de su madre, el placer de la succión en la lactancia.
En los diferentes momentos evolutivos habrán zonas del cuerpo que se priorizarán sobre otras como fuente de sensaciones placenteras, esto forma parte del desarrollo psicoafectivo.
Inicialmente es la zona de la boca de donde provienen las sensaciones más intensas y gratificantes a partir de la succión durante la lactancia. A través de la boca el bebé contacta con el mundo, comenzando por el pecho materno para luego llevar el resto de objetos que pueda manipular a esa zona.

Qué sucede a partir de los tres años
En torno a los tres años, si bien todo el cuerpo continúa brindando al niño sensaciones placenteras, surge un especial interés por los genitales y un gran placer en su estimulación.
Aparece una gran curiosidad en general, un fuerte deseo por comprenderlo todo y un interés por la anatomía humana, por explorar y comprenderla.
Habitualmente el niño/a no cuenta a esta edad con censuras internas que frenen su impulso por conocer, explorar, experimentar y esto le permite jugar y preguntar lo que necesite para saciar su curiosidad y comprender muchos de los temas claves de la sexualidad, desde la diferencia de los genitales masculinos y femeninos hasta el origen de la vida, el nacimiento, la muerte.

El papel del adulto en el acompañamiento de la sexualidad infantil
Es importante no asignar atributos de la sexualidad adulta al momento exploratorio propio y natural de este momento evolutivo. Es decir, el niño/a simplemente busca situaciones o sensaciones placenteras para su cuerpo y genera situaciones de juego con sus iguales que le permitan elaborar y comprender tanto las diferencias anatómicas, como otros temas de la sexualidad.

Esta curiosidad del niño moviliza en los adultos muchas inquietudes, dudas y miedos. También nos confronta con nuestros tabúes, prejuicios e historia personal.
¿Hasta dónde permitir y hasta dónde poner límites a la autoexploración o a los juegos de exploración sexual? ¿Cuál es el papel de los adultos en este impulso de exploración del niño?

En mi opinión como adultos tendríamos que acompañar los procesos del niño intentando interferir lo menos posible en su curso natural, pero sí tenemos un papel importante en relación a transmitir ciertas nociones como son la intimidad, el respeto y ciertos matices en relación a lo privado de algunas experiencias, también en la infancia.
Es nuestro papel transmitirle al niño que hay zonas de su cuerpo que son más íntimas que otras, que solamente si él quiere y lo permite otra persona puede tocar su cuerpo, y al mismo tiempo solamente si el otro niño está de acuerdo en este tipo de juego, es posible llevarlo a cabo. El niño tiene que sentirse siempre lo suficientemente seguro y respetado por el otro niño y lo ideal sería que sintiera una base de confianza y comunicación con el adulto como para comunicarle si siente que alguien no le está respetando en su decisión o en la intimidad de su cuerpo.
Doy por supuesto que esta situación de juego se desarrolla en niños de más o menos la misma edad, es decir que están en una situación de “igualdad” de fuerzas a la hora de expresar con claridad si desean o no realizar un juego de este tipo. Este es un aspecto importante a tener en cuenta a la hora de limitar de alguna manera los juegos de exploración sexual.
Es importante transmitirle al niño que estos juegos son un juego más entre los niños/as, que se puede jugar si ambos están de acuerdo y lo desean y que requiere un espacio de intimidad lo que hace que no siempre sea posible llevarlos a cabo en cualquier lugar. Esto les protegerá de la mirada, el juicio o las valoraciones con las que se pueda encontrar si lo realiza en cualquier espacio público.

Por último también como adultos nuestra función es brindar al niño un ambiente rico, saludable, abierto, en donde el niño se sienta cómodo y pueda escuchar su instinto y sus necesidades. Y en este sentido, a partir de observar cómo ha sido nuestra historia y cómo es nuestra sexualidad actual podremos ser más conscientes de qué transmitimos a los niños/as en esta área.
Esta introspección nos ayudará a tomar consciencia de qué representa la sexualidad para nosotros y cómo deseamos acompañar a los niños en su desarrollo.
De nuestro acompañamiento cercano y sensible dependerá que los niños y niñas no sólo cuenten con experiencias placenteras muy importantes en su presente y en su futuro, sino también un mayor cuidado de sí mismos, de lo que desean y lo que no y un profundo respeto tanto por sí mismos en relación a su cuerpo como también hacia los otros en el encuentro.