El paso de la educación primaria a la secundaria es un momento delicado en la trayectoria educativa del alumnado, no solamente por el cambio de centro y la etapa educativa, sino porque implica también una transformación profunda a nivel académico, emocional, social y personal. Todo ello coincide con una de las etapas más bellas e intensas: la adolescencia.
Durante la primaria, generalmente todo es más estructurado: no tienen tantas materias, los aprendizajes son un poco más superficiales, no hay tantos profesores o profesoras, está el o la tutora y algún o alguna profesora más de referencia y suelen estar siempre en el mismo espacio-aula. El grupo suele ser estable ya que cuando llegan a sexto de primaria llevan muchos años conviviendo juntos y juntas.
Muchas familias empiezan a notar dificultades justo en este cambio de etapa y se preguntan por qué ahora estudiar parece más complicado.
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El paso de Primaria a Secundaria: por qué estudiar puede volverse tan difícil
Con la llegada a la etapa de secundaria hay un cambio de dinámica importante: hay más profesorado y cada uno de ellos con su metodología, hay más asignaturas, más tareas, etc. El aprendizaje tiende a ser más profundo y aumenta la exigencia, se espera mucho más del alumnado, es decir, se espera que tenga un mayor grado de autonomía, de organización y de responsabilidad.
Este escenario puede ser muy motivador para algunos estudiantes que empiezan a ganar autonomía, disfrutando del reto que supone esta transición, pero para otros u otras lo que antes era una estructura segura ahora se convierte en un caos y esto puede representar un mayor grado de dificultad.
Además a este reto académico se suma la necesidad de encontrar un lugar en el grupo de iguales y la gestión emocional a la que se exponen.
Como profesionales de la educación y de la psicopedagogía, muchas veces sentimos que damos un tema y, a pesar de nuestro esfuerzo, no lo aprenden. Ojalá fuera tan sencillo como eso, que las maestras compartiéramos un tema y los estudiantes lo aprendieran, pero en realidad todas las personas que nos dedicamos a la enseñanza y a la psicopedagogía sabemos que hace falta algo más: hace falta que el alumnado se involucre emocionalmente con ese contenido, lo reflexione, lo relacione con lo que sabe, es decir, hacerlo propio y significativo. Todas las personas que enseñamos sabemos que la motivación es el motor clave. El aprendizaje necesita tiempo.
“Mi hijo o hija no sabe estudiar”: una preocupación muy frecuente
Por mi experiencia como psicopedagoga y como docente, observo que llegan a secundaria muchos estudiantes sin consolidar unos buenos hábitos de estudio.
La ausencia de técnicas de estudio puede provocar dificultades académicas, desmotivación y, en consecuencia, abocar al fracaso escolar y a todo lo que ello representa: baja autoestima, frustración, reacciones emocionales de angustia o ansiedad o evitación frente a todo lo vinculado con los aprendizajes o lo académico, etc.
Muchas familias expresan: “no sabe estudiar”, “le cuesta concentrarse”, “pasa horas delante de los libros y no avanza” o “el momento de enfrentarse a las tareas es de mucha ansiedad, angustia o frustración”…
Y muchas veces esto no tiene que ver con una falta de esfuerzo, sino con cómo lo hacen.
Aprender a estudiar es un factor crucial. Es muy necesario enseñarles cómo integrar las técnicas de estudio en el día a día para que el tiempo y la energía dedicadas a los aprendizajes tenga buenos resultados y sea placentero.
Es un error asumir que todos los y las alumnas saben estudiar; es necesario ofrecerles y construir junto a ellos y ellas rutinas de estudio y caminos para que ese tiempo dedicado, ese esfuerzo, tenga sus frutos, que en definitiva es el mejor «refuerzo positivo» que pueden tener.
A estudiar también se aprende: por qué las técnicas de estudio son importantes
En muchas ocasiones, las técnicas de estudio parecen obvias: organización, planificación, lecturas comprensivas, mapas conceptuales, mapas mentales (visual thinking), reglas mnemotécnicas.
Muchos alumnos y alumnas utilizan técnicas, como por ejemplo el subrayado o los esquemas, no de forma consciente o sistematizada. Solo cuando los y las estudiantes comprenden de forma consciente y logran sistematizar las técnicas de estudio, estas se convierten realmente en herramientas valiosas para los aprendizajes y serán herramientas además que les acompañarán durante todo el recorrido académico.
Este “superpoder” que todas las personas podemos llegar a desarrollar es aprender a aprender, porque, nos dediquemos a lo que nos dediquemos, estamos toda la vida aprendiendo cosas: a bailar, a sacarnos el carné de conducir, a realizar una receta de cocina, en la universidad, etc.
Cómo pueden ayudar las familias en casa con el estudio
Para muchos alumnos y alumnas todo esto es muy intuitivo, pero para otras no, lo tienen que aprender y alguien les tiene que acompañar en ese proceso de aprendizaje.
Muchas veces los maestros y maestras enseñamos el contenido de la materia, pero rara vez enseñamos cómo aprenderlo; “parece un gran secreto”.
Desde casa, las familias pueden acompañar creando rutinas, ayudando a organizar el tiempo, validando y acompañando las emociones que surgen al estudiar y evitando centrarse solo en los resultados. Acompañar no es hacer por ellos y ellas, sino estar disponibles, ofrecer estructura y sostén. Los y las estudiantes tienen que conocer los secretos para aprender; esta sí que puede ser una gran inversión.
Cuando estudiar se vuelve muy difícil: señales a las que conviene prestar atención
A veces aparecen bloqueos, evitación del estudio, frustración, explosiones o enfados o un cansancio emocional importante.
¿Qué hacemos cuando nos bloqueamos con una actividad? ¿O cuando no lo entendemos? ¿O cuando nos resulta muy tedioso memorizar algo?
Estas señales nos indican que quizá sea necesario un acompañamiento más específico, porque ese niño, niña o adolescente aún no cuenta con recursos internos para afrontar esa tarea que se le propone.
Las dificultades para estudiar no siempre indican un trastorno
No es necesario tener un trastorno como la dislexia o el TDAH para enfrentarse a baches en el camino académico. Muchas veces el bajo rendimiento es simplemente síntoma de una metodología inadecuada; la clave no está en estudiar más sino en saber estudiar mediante técnicas que se adapten a cada niño o niña.
El valor del acompañamiento psicopedagógico en el aprendizaje
De eso trata la psicopedagogía: de agendar este propósito, enseñar estrategias al alumnado y acompañarle respetando las necesidades y ritmos de cada uno.
Un acompañamiento psicopedagógico permite comprender qué está pasando, enseñar técnicas adaptadas a cada adolescente, atender los aspectos emocionales que surgen en el proceso de aprendizaje y acompañar también a las familias a lo largo de este camino.
En algunos casos, este acompañamiento puede organizarse también en propuestas más estructuradas y acotadas en el tiempo, orientadas a trabajar específicamente las técnicas de estudio o la adaptación a la secundaria.
Para terminar: aprender es un proceso
Si pensamos un momento, cuando una persona adulta aprende algo nuevo —un idioma, una herramienta digital, una habilidad práctica— no lo hace de un día para otro ni sin equivocarse. Necesita tiempo, ensayo, acompañamiento y, sobre todo, sentirse comprendida cuando algo no sale bien.
En la adolescencia ocurre lo mismo. Cada niño, niña o adolescente tiene su propio ritmo, su manera de organizarse y su forma de enfrentarse a las dificultades. Aprender a estudiar no es una carrera ni una cuestión de voluntad, sino un proceso que se va construyendo poco a poco.
Cuando el estudio se vive desde un lugar de tranquilidad, con estructura, apoyo y comprensión, deja de ser una fuente constante de conflicto para convertirse en una oportunidad de crecimiento. Acompañar este camino, sin exigir más de lo que pueden dar en cada momento, es una de las mejores ayudas que podemos ofrecerles.
Cuando hace falta un acompañamiento más estructurado
En algunos momentos, a pesar del acompañamiento en casa y de los esfuerzos del propio adolescente, las dificultades persisten o generan un malestar significativo. En estos casos, puede ser de ayuda contar con un espacio específico donde aprender a estudiar, organizarse y entender cómo funciona su propio proceso de aprendizaje.
En Senda hemos diseñado dos propuestas de acompañamiento psicopedagógico, acotadas en el tiempo, que abordan precisamente estas necesidades:
El Programa Psicopedagógico de Técnicas de Estudio, centrado en la adquisición y consolidación de estrategias como la planificación, la comprensión, la organización de la información y la autonomía en el estudio.
Acompañando el inicio de la Secundaria, un programa pensado para facilitar la adaptación a las nuevas demandas académicas, organizativas y emocionales de esta etapa.
Además, en función de las necesidades de cada niño, niña o adolescente, en Senda contamos con otras propuestas específicas que pueden complementar o ser el punto de partida del acompañamiento:
Glifing, una herramienta específica para el trabajo de la lectura, especialmente útil cuando hay dificultades en la precisión, la velocidad o la comprensión lectora.
El programa de Psicopedagogía Intensiva, un acompañamiento de 4 meses de duración orientado a dar un impulso en los aprendizajes y consolidar los objetivos propios de cada etapa educativa (tanto en primaria como en secundaria).
Ambas propuestas parten de una mirada individualizada, respetuosa con el ritmo de cada adolescente y en coordinación con la familia.
Puedes acceder a toda la información aquí:
- Conocer el Programa Psicopedagógico de Técnicas de Estudio
- Conocer el Programa Acompañando el inicio de la Secundaria
También puedes explorar el conjunto de nuestras propuestas de acompañamiento en nuestra web.
Si sientes que tu hijo o hija necesita un acompañamiento más específico en este momento, puedes escribirnos y valoramos conjuntamente cuál puede ser la mejor manera de ayudarle.