Psicopedagogía. Nuevos modos de acompañar las dificultades de aprendizaje

 

Cuando existen dificultades de aprendizaje el aspecto más visible que denota que algo está sucediendo es el desfase de ritmo de ciertas habilidades de un niño o niña respecto al resto de sus iguales. La medida habitual de observación es hacer la comparativa final con su grupo clase y con los baremos escolares estandarizados a los que deberá ajustar sus resultados para poder seguir avanzando en los ítems que su sociedad ha establecido como los importantes y aceptables para poder desarrollarse en el futuro.

Dentro de este contexto los niños con diferencias de aprendizaje experimentan, más allá de los resultados académicos en sí, repercusiones o consecuencias en otras áreas, como la emocional o la relacional, que van más allá del desarrollo de sus capacidades cognitivas y su escolaridad.

 

Pueden ser aspectos como el autoconcepto, la autoestima, el patrón típico de atribución de la causalidad sobre los éxitos y fracasos particulares, el sentimiento de competencia aptitudinal. Es decir, se alteran las expectativas de rendimiento que tienen sobre sí mismos y sobre la capacidad de alcanzar logros importantes.

Cuando un niño o niña no logra la autonomía en los retos académicos queda sujeto a un número más alto de intervenciones directivas en su proceso de ajuste, pudiendo pasar a dejar en segundo plano sus propios razonamientos, o hasta invalidarlos. A la larga se corre el riesgo de que el niño construya una identidad sesgada por el “éxito o el fracaso escolar”, dejando su valor como ser humano a merced de unas habilidades concretas que posiblemente le requerirán de más tiempo y esfuerzo. Es por ello por lo que en Senda sustentamos la mirada psicopedagógica en tres pilares que funcionan como ejes de ruta:

. Los procesos de aprendizajes significativos son adquiridos a través de una ruta que implica la experiencia sensorial y emocional. No hay aprendizaje sin emoción y/o sin experiencia significativa. En este sentido, nos alineamos con el recorrido propuesto por la Educación Viva y Activa, y en caso de existir algún tipo de bloqueo o de dificultad en el proceso de aprendizaje vamos a acompañar al niño a reconectar con su propio deseo de aprender ofreciéndole tanto un acompañamiento individualizado como un ambiente rico en materiales.

. La autorregulación. Nuestro trabajo apunta a restituir y favorecer el desarrollo de la autorregulación del propio niño en cuanto a sus necesidades más profundas. El acento en la autorregulación y el desarrollo de la autonomía consideramos que constituye un factor protector y reforzador positivo en la creación de estrategias de afrontamiento hacia el aprender a aprender, las dificultades o la diferencia de ritmos.

. La vinculación familiar y escolar. La literatura científica y nuestra experiencia nos confirma que favorecer un vínculo estrecho y de colaboración entre la familia y la escuela es una de las claves para que el niño se sienta acompañado y respaldado en sus procesos. La coordinación y colaboración de los diferentes ámbitos de la vida cotidiana del niño le posibilitarán desarrollar las estrategias necesarias para alcanzar su máximo desarrollo.

 

En síntesis, a través de nuestro abordaje psicopedagógico buscamos acompañar de forma global al niño en sus entornos naturales (familia-escuela), teniendo muy presentes las dimensiones afectiva y sistémico familiar en sus dificultades vinculadas a los aprendizajes formales.

 

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