Muchas familias llegan a consulta con la sensación de que algo no termina de encajar en los aprendizajes de su hijo o hija. A veces la escuela recomienda buscar apoyo y otras veces son las propias familias quienes observan que aprender se está convirtiendo en algo muy complicado.

«Va muy atrasado en los aprendizajes»

«No le interesa aprender»

«Hacer los deberes en casa es una lucha constante»

«Desde la escuela nos recomiendan que hagamos algo»

Estas son preocupaciones que escuchamos con frecuencia.

Y cuando aparece esta inquietud, muchas veces la primera opción que surge es buscar un refuerzo escolar. A veces por desconocimiento de todas las opciones que hay, a veces porque a otra familia le ha dado buen resultado y otras veces simplemente porque es lo que conocemos.

El refuerzo escolar puede ser una ayuda muy valiosa en determinados momentos porque puede servir para adquirir contenidos específicos, acompañar una asignatura que está resultando especialmente difícil u ofrecer un apoyo para la organización y ejecución de los deberes cuando para la familia es complejo acompañar este tiempo de trabajo en casa.

Sin embargo, cuando detrás aparecen dificultades de aprendizaje más persistentes, puede ser necesario un abordaje diferente.

Podríamos decir que la maestra es la encargada de seguir el programa educativo establecido y gestionar lo que sucede en el aula con las criaturas. En este sentido es la primera en detectar si una criatura se está quedando un poco atrás…

La psicopedagoga es la especialista que aporta una mirada más profunda cuando algo no está yendo como se espera y que explora la relación entre mente, emoción y aprendizaje.

Su objetivo es identificar y actuar sobre las barreras, sobre lo que está impidiendo que la criatura aprenda. Realiza una intervención más personalizada, diseña estrategias, asesora y orienta a la familia. Y siempre comparte este plan de acción con el o la tutora. Por lo tanto es un trabajo en equipo: alumno/a, familia, maestra y psicopedagoga.

Por otra parte, la psicopedagogía va más allá de las calificaciones, tiene en cuenta aspectos cognitivos, emocionales y del entorno. No solamente el objetivo es que apruebe un examen concreto, sino darle herramientas que le sirvan para todos los aprendizajes futuros.

¿Cuándo puede ser útil consultar a una psicopedagoga?

Algunas de las señales vinculadas a los aprendizajes que nos pueden orientar para saber si una criatura necesita un acompañamiento psicopedagógico son:

  • Bloqueo ante las tareas escolares
  • Frustración frecuente
  • Problemas de organización
  • Dificultad para sostener el esfuerzo
  • Falta de motivación

Estas señales no siempre indican una dificultad específica, pero sí nos invitan a detenernos y comprender mejor qué puede estar ocurriendo.

Cuando aprender se convierte en una dificultad

Es importante preguntarnos si una propuesta de refuerzo escolar puede responder a las preguntas esenciales cuando observamos que los aprendizajes están costando más de la cuenta:

¿Qué hay detrás de la dificultad para aprender, del ir más lento, de que aprender sea una experiencia frustrante, de la desmotivación o de querer evitar a toda costa hacer tareas vinculadas a la escuela?

¿Qué puede haber detrás de la falta de autonomía, es decir, de la dificultad para realizar por sí misma tareas que cabría esperar para su edad?

¿Qué puede haber detrás de las dificultades de aprendizaje?

Muchas veces los problemas de aprendizaje no tienen que ver con la falta de esfuerzo o de interés, sino con barreras que están interfiriendo en el proceso de aprender.

Algunas veces detrás de todo esto encontramos problemas de atención, de organización, dificultades para planificar y anticipar por ejemplo. Otras veces encontramos aspectos más vinculados a las emociones como inseguridad, miedo a equivocarse, baja tolerancia a la frustración o una sensación repetida de fracaso que acaba afectando a la motivación.

Y también en otras ocasiones hay cuestiones más específicas como dificultades en la organización espacial, en la motricidad fina, o incluso dificultades específicas de los aprendizajes como la dislexia, la discalculia, etc.

Y cuando algo de todo esto sucede, explicar de nuevo los contenidos no es suficiente.

¿Qué aporta un acompañamiento psicopedagógico?

Comprender cómo aprende cada criatura

Y es aquí donde entra la especificidad de la psicopedagogía, que es comprender cómo aprende cada niño, niña o adolescente y qué factores están interfiriendo en ese proceso.

La intervención psicopedagógica resulta especialmente útil cuando existen dificultades de aprendizaje que no se explican únicamente por la falta de estudio o por un contenido concreto que esté costando más.

Dependiendo de las necesidades de cada criatura, el acompañamiento puede incluir actividades para fortalecer funciones ejecutivas, comprensión lectora, escritura, razonamiento matemático, estrategias de estudio, organización del trabajo o regulación emocional vinculada a los aprendizajes. El objetivo no es únicamente mejorar el rendimiento académico, sino construir herramientas que favorezcan una mayor autonomía.

Busca entender qué sucede en profundidad para poder ofrecer herramientas que ayuden a aprender de una forma más autónoma y eficaz.

Pero también busca volver a conectar a la criatura con el deseo de aprender y el disfrute vinculado a los aprendizajes.

Esto implica trabajar aspectos como:

  • Estrategias de aprendizaje
  • Organización y planificación
  • Lectura y escritura
  • Técnicas de estudio
  • Gestión de la frustración y del error
  • Relación emocional con el aprendizaje

Adaptar los apoyos a cada estilo de aprendizaje

También la psicopedagogía buscará comprender el estilo de aprendizaje de cada criatura, porque no todas aprenden de la misma forma, a través de las mismas rutas, ni necesitan las mismas herramientas.

Hay criaturas que necesitan más tiempo, otras necesitan apoyos visuales, otras necesitan durante más tiempo el apoyo de los materiales manipulativos, otras necesitan más estructura, organización y planificación para poder concentrarse.

Comprender cómo aprende cada persona permite adaptar mejor las estrategias y ofrecer apoyos más ajustados a sus necesidades reales, evitando que las dificultades se interpreten únicamente como falta de esfuerzo, interés o capacidad o que la única vía sea pensar que hay un trastorno del neurodesarrollo.

Este acompañamiento al aprendizaje permite intervenir sobre las dificultades sin centrarse únicamente en el resultado académico.

Un trabajo conjunto con la familia y la escuela

Las intervenciones psicopedagógicas buscan transformar el entorno más inmediato de la criatura. La psicopedagoga no solo trabaja con la criatura, también traza un puente con la familia.

A diferencia de un apoyo escolar centrado principalmente en las tareas o los contenidos, la intervención psicopedagógica busca comprender qué está ocurriendo y construir herramientas que favorezcan aprendizajes más autónomos.

Algunas veces las familias observan frustración, pereza, rebeldía y a través de la intervención se intenta traducir estas “etiquetas” en comprensión, se rediseñan rutinas, se estructuran horarios visuales y predecibles, se dan pautas a las familias, se orienta para fortalecer el vínculo emocional, para celebrar conjuntamente el esfuerzo y el proceso, no solo el resultado.

También con la escuela, a veces las familias no tienen tantas oportunidades de traspasar información a las maestras sobre algunos aspectos del día a día y esto se vive con frustración por parte de las familias. La psicopedagoga fortalece ese puente con la maestra, compartiendo los avances, las dificultades observadas y las estrategias que están resultando de ayuda para la criatura.

Esta intervención realmente es de mucha ayuda tanto para las criaturas como para las familias, en tanto aporta comprensión y herramientas para reconducir lo que está obstaculizando el vínculo con los aprendizajes.

Aprender también es una experiencia emocional

Aprender no depende solo de integrar ciertos contenidos, depende de cómo nos sentimos cuando aprendemos.

Y esto es especialmente importante en niños, niñas y adolescentes que han empezado a pensar que «no son buenos para los estudios», que «nunca les sale bien”, “que no son inteligentes” o que necesitan cada vez más ayuda para realizar tareas que deberían poder afrontar de forma autónoma.

Cuando estas ideas empiezan a instalarse, el problema ya no está únicamente en los aprendizajes. También empieza a afectar a la confianza, a la autoestima y a la relación que la persona construye consigo misma en torno al aprender.

Las intervenciones psicopedagógicas ayudan a la criatura a descubrir sus fortalezas, a sentirse capaz, esto es un proceso gradual y progresivo.

No hay aprendizaje sin emoción.

Cuando el ambiente de trabajo es seguro emocionalmente surge la curiosidad, la sorpresa, la posibilidad de vivir sin angustia el error. Y cuando no existe esta sensación de seguridad, la criatura emocionalmente está en “modo alerta” y cualquier dificultad puede ser vivida como una amenaza. Está en modo superviviencia.

En la intervención psicopedagógica trabajamos sobre el área emocional, ayudamos a que las emociones estén más reguladas a través de la construcción de un vínculo de confianza y seguridad, en donde poco a poco se van introduciendo los retos, los descubrimientos y los aprendizajes académicos.

Refuerzo escolar y psicopedagogía: dos apoyos diferentes que pueden complementarse

El refuerzo escolar y el acompañamiento psicopedagógico no son lo mismo, pero tampoco son excluyentes. De hecho, en algunos momentos pueden funcionar muy bien en paralelo.

La diferencia principal es que mientras el refuerzo suele centrarse en ayudar con los contenidos, la psicopedagogía intenta comprender y fortalecer las herramientas que permiten aprender. Esto lo que favorece, es que tanto el niño, niña o adolescente, como su familia, adquieran herramientas y ganen progresivamente la autonomía necesaria en esta área, como para que el acompañamiento se retire sin dificultad en un momento dado porque ya no sea necesario.

La idea es que estas herramientas puedan acompañar a la persona no solo en el momento actual, sino también en los distintos retos de aprendizaje que irá encontrando a lo largo de toda su vida.

A veces lo que una criatura necesita no es estudiar más horas ni repetir más veces los contenidos, sino comprender mejor cómo aprende.

Algunas veces también necesitará recuperar la confianza en sus capacidades y disponer de herramientas que le permitan enfrentarse a las dificultades de una manera diferente.

Por eso, cuando los aprendizajes empiezan a generar preocupación, puede ser útil detenerse un momento y preguntarnos no solo cuánto le está costando aprender, sino también qué es lo que está haciendo que aprender le resulte tan difícil.

Comprender qué hay detrás de la dificultad suele ser el primer paso para poder acompañarla de forma adecuada.

Y cuando existen dificultades de aprendizaje, contar con una mirada especializada puede ayudar a encontrar el camino más adecuado para cada niño, niña o adolescente.

Si queréis profundizar en este tema, os recomendamos algunos artículos relacionados:

Si tenéis dudas sobre qué tipo de apoyo puede necesitar vuestro hijo o hija, estaremos encantadas de orientaros.

En ocasiones una primera valoración permite comprender mejor qué está ocurriendo y decidir si un refuerzo escolar es suficiente o si sería recomendable un acompañamiento psicopedagógico más específico.