La sexualidad, el cuerpo y la afectividad son temas siempre presentes en los centros educativos y todas las personas que se dedican a estas tareas se enfrentan con situaciones cotidianas que deben resolver para las que no han sido formadxs.

Hablar de sexualidad y las vivencias del cuerpo cuesta más que hablar de matemática y lengua. ¿Por qué? Es importante ubicar esta pregunta dentro de un sistema educativo que responde a su vez a un orden social más amplio. Con esto quiero decir que nadie por sí solo es responsable de la imposibilidad de hablar de esto con tranquilidad y conocimiento.

Regular la sexualidad ha sido la forma privilegiada desde hace cientos de años de transmitir y controlar lo que se puede o no hacer en cada sociedad. Esto es, dentro de qué identidades sexuales, actividades, vínculos de pareja y familia podemos ubicarnos para ser vistxs como “normales” y a su vez, qué personas tendrán privilegios o riesgos según el sexo asignado al nacer.

Esta idea de normalidad no está asociada a cuestiones biológicas ni “naturales” (en el sentido de lo que viene de la naturaleza), sino que se construye en cada sociedad según los intereses que ésta tenga. Lo supuestamente “normal” es la escala con la que se mide y controla a todas las personas para que se adecuen a una sociedad que necesita de cuerpos ordenados para que sean funcionales a intereses económicos, políticos e ideológicos.

Cómo se relaciona esto con la tarea de los equipos educativos?

El quid de la cuestión es que la sexualidad se educa y ahí el rol de lxs docentes es fundamental. Porque no nacemos con un destino predeterminado, porque lo vamos aprendiendo en la familia, en la escuela, el instituto, el trabajo, en la calle, con las amistades, las parejas, lxs compañerxs de estudio, de activismo y así podría nombrar a todas las instituciones y grupalidades con las que compartimos algún momento de nuestra vida.

Como docentes se activan en nosotrxs (la mayoría de las veces sin darnos cuenta) prejuicios que hemos aprendido durante nuestra propia socialización y que aun estando en desacuerdo con ellos, muchas veces nos vemos repitiendo sin saber cómo dar esa vuelta de timón que se necesita.

En primer lugar esto ocurre porque cuando nos educaron a nosotrxs “de eso no se hablaba”, “eso unx lo aprendía solx y como podía” porque la educación sobre el afecto y la sexualidad era “responsabilidad de las familias”… y así el tabú de la sexualidad nos ata de pies y manos cuando necesitamos hacer de éste un tema para analizar, hablar, compartir entre los equipos y con el alumnado. Es importante poner en el centro que en cada acto educativo que establecemos comienzan a dialogar la sexualidad de lxs docentes y la de lxs alumnxs. Lxs docentes y sus cuerpos, (los aprendizajes propios que se han tenido durante la historia) empiezan a ser modelos para lxs aluxs, transmitiendo cuáles son las sexualidades permitidas y las que no, los cuerpos considerados válidos en la cultura y lxs excluidxs, y las habilidades que se esperan en cada persona para ser valoradas según su sexo asignado al nacer.

Como parte de instituciones educativas somos quienes les ofrecemos a lxs niñxs y adolescentes espacios donde estar, juegos para jugar, canciones para cantar, habilidades a aprender, respuestas a dar, consejos, reprimendas, aliento a hacer determinadas cosas, espacios disponibles para ser usados de una forma diferenciada según la edad y el género, etc.

Todas estas cosas no son naturales sino que responden a nuestra forma de entender las relaciones sociales y al lugar que esperamos que aprendan a ocupar en ese orden que conocemos. Éste es un diálogo constante entre docentes y alumnxs del que nadie habla explícitamente, que queda inscripto más en las miradas y los cuerpos que en las palabras. Tratemos de recordar por un momento estas experiencias cuando nosotrxs éramos lxs alumnxs, qué miradas, gestos, palabras fueron suficientes para que aprendiéramos a la perfección lo que se esperaba de cada unx.

Cuerpos sexuados que nos ponen “en jaque”

La sexualidad de lxs alumnxs entra en las escuelas e institutos cada día, algunos días llega haciendo mucho ruido y otros, de una forma muy silenciosa, trayéndonos situaciones que debemos aprender a gestionar y para las que no ha habido formación específica en las carreras de formación docente (básicamente en ninguna carrera).

Pensemos por ejemplo en pequeñas situaciones cotidianas, cuando ocurre un altercado y esperamos que una persona lo resuelva de una u otra forma, o sentimos que es sospechoso que un niño asista con pijama rosa el día en que la escuela entera se viste de pijamas. Probablemente no nos ocurra lo mismo si quien llegaba de pijama rosa era una niña, o si quien se defendía de una forma expansiva en aquel altercado era niño o una niña (y esto aun pensándolo binariamente).

Recordemos que siempre estamos enseñando, por acción u omisión y cuando lxs niñxs no encuentran espacios seguros donde encontrar información de calidad sobre sexualidad (búsqueda propia de su etapa evolutiva) lo harán en los espacios que tengan más disponibles y esto frecuentemente termina siendo a través de internet, el porno mainstream y la sobre – exposición en redes sociales.

Probablemente si nos encontramos a un/a alumnx explorando sus genitales nos ponga más nerviosx que si le encontramos mirándose al espejo para descubrir qué forma tiene su nariz. Y si le encontramos compartiendo este descubrimiento con algún/a compañerx pensaremos que están haciendo algo más indebido o fuera de lugar que si están jugando a descubrir quién es más altx.

Cuando un grupito de alumnxs ridiculiza a otrx que expresa libremente no sentirse del sexo que le fue asignado al nacer y en vez de disponernos a trabajar sobre esta discriminación simplemente lo dejamos pasar, no estaremos educando en un marco de derechos humanos, sino enseñando que estos derechos son solo potestad de quien “se adecúa a lo que esperan de si”.

Para finalizar este listado de ejemplos a modo de bocado y totalmente inacabado de lo que se presenta en el mundo educativo, es fundamental mencionar (aunque sin profundizar en estas páginas), la devastadora realidad del Abuso Sexual Infantil que viven niñxs y adolescentes, que como sabemos se sucede con los adultos más cercanos y del que lxs docentes protectorxs son posiblemente una de las primeras figuras que escucharán esta narración o verán indicadores, ante los cuales deberán actuar.

 

Sexualidad y formación docente

Como decíamos anteriormente, la ausencia de estos temas en la educación no tiene que ver con que un docente no se haya tomado la molestia de estudiar lo que debía o porque sea mal docente. Al contrario, tiene que ver con que eso es justo lo que se esperaba de él/ella, está siendo un eslabón en el engranaje de la educación sexista.

Gracias a muchos años de luchas sociales y de la sociedad civil organizada los cambios poco a poco han ido ingresando en las normativas internacionales y por consecuencia en las leyes internas de algunos países, así como en las reglamentaciones a la interna de las instituciones estatales y éste justamente ha sido el recorrido de la educación sexual.

Los Estados que adhieren a la normativa internacional de derechos humanos se ven obligados a ir transformando sus prácticas internas y de esta forma, lxs docentes, como parte de este sistema están viendo que deben comenzar a trabajar en ello pero sin haber sido formadxs ni teórica ni metodológicamente para ello.

Es importante resaltar que todxs lxs docentes están involucradxs de un modo u otro en esta educación. Repetimos, no hay nadie que no esté enseñando nada. Si bien cada vez más en las instituciones se generan referentes de sexualidad o educación sexual o diversidad, las intervenciones de todas las personas que integran los equipos, lo deseen o no, generan inputs de información sobre el alumnado. Por ello es necesario que la educación afectivo sexual sea abordada de forma integral y transversal a toda la institución. Aunque no todas las personas de los equipos deseen abordar estos temas explícitamente, es importante que el claustro a pleno pueda hacer un trabajo interno sobre sus valores y prejuicios, para saber qué están enseñando en cada intervención educativa, tanto con las palabras como con las actitudes y hacerse cargo de lo que ello implica.

Lo positivo del caso es que lxs docentes y equipos que están acompañando a lxs niñxs en el día a día, tienen la potencia de generar un pensamiento crítico al respecto y de ser parte fundamental del cambio social que se necesita, para generar un mundo más igualitario, respetuoso de la diversidad, de la disidencia sexual y libre de violencias machistas y de género.

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