Nuestras “mochilas” vienen cargadas de experiencias que muchas veces nos hacen sentir que la autoridad no es buena, no es respetuosa, se impone y muchas veces se impone arbitrariamente “aplastando” a la otra persona. Muchas veces tenemos el registro interno de que autoridad puede ser igual a abuso de poder.

Nuestras vivencias infantiles marcan nuestras percepciones

Podemos haber tenido experiencias directas en nuestra propia infancia de una autoridad que operaba a través del miedo, las amenazas, los castigos. Una autoridad muy rígida e inflexible que no daba espacio para el diálogo o una autoridad muy difícil de comprender, con decisiones arbitrarias, que se nos presentabas como un “sin sentido” porque las imposiciones no tenían secuencias lógicas o un sentido comprensible para nosotras como niñas o niños.

Por el contrario, podemos haber tenido vivencias infantiles de falta de autoridad de nuestras figuras referentes. Esto puede haberse dado porque éstas no estaban situadas en un lugar de adultxs, sin ofrecer un marco claro donde movernos o exponiéndonos a experiencias que nos podían dañar o poner en peligro, más bien por ausencia de autoridad.

Esto sucede cuando nuestros padres o madres se situaron desde un lugar de simetría, como colegas o amigxs o cuando hay una sobrevaloración de la libertad y la autorregulación antes de tiempo. Es decir, cuando lxs niñxs no están preparadxs para gestionar ese grado de libertad que les estamos dando.

Identificar el tipo de autoridad o autoridades que vivimos en nuestra infancia es vital para reconocer patrones, percepciones, vivencias tanto conscientes como inconscientes que pueden haber quedado gravadas en nuestra memoria corporal, emocional y cognitiva y que nos hacen representar internamente la autoridad de cierta forma, y por lo tanto será nuestro “automático” en muchas de nuestras acciones.

También podemos identificar en nuestras familias, qué experiencias ha habido en generaciones anteriores con relación a la autoridad, porque esto es parte de nuestra memoria transgeneracional y también es relevante por la fuerza con la que esto se hace presente en las generaciones siguientes.

 

Nuestro “aquí y ahora” con las criaturas.

 Nuestra forma de ejercer de autoridad con las criaturas parte de nuestras vivencias. Por ello, es importante conocer de dónde venimos para poder, a partir de ahí, trabajar en “hacia donde queremos ir” en nuestra relación como figuras de autoridad para con nuestrxs hijxs.

Esto también tiene que ver con qué tipo de autoridad queremos construir en el vínculo con las criaturas como referentes que les ayudaremos a construirse, tanto internamente como en su proyección a lo social, en sus relaciones y sus vínculos.

 

¿Autoridad que impone o autoridad que cuida?

 Si el primer paso es identificar qué tipos de autoridades hemos vivenciado, el segundo será construir nuevos registros, experiencias, vivencias de cómo ser autoridad que cuida, en el caso de no haberla experimentado en nosotrxs mismxs.

¿Pero qué quiere decir construirme como una autoridad que “cuida”?

La cría humana es la que nace más desvalida y en grado máximo de dependencia física y emocional de sus figuras cuidadoras. Las criaturas necesitan a sus referentes adultos no sólo para sobrevivir físicamente sino también para construirse psicológicamente.

Las niñas y los niños lo que más anhelan es el amor de sus padres y madres, y les mirarán con atención para descifrar qué esperan éstos de ellxs, por lo que estarán pendientes de conocer lo que podrán o lo que no podrán hacer.

Ejercer una autoridad que cuida es utilizar mi poder como adultx para cuidar a lxs niñxs de vivencias que aún no pueden asumir, o libertades que aún no pueden gestionar, por lo que podrían implicar ponerles en riesgo.

Por ejemplo, si yo dejo que mi hijx pequeñx cruce la calle cuando a él le parezca, o dejo que insulte a una persona en la calle le estoy exponiendo a dos experiencias que puede que le pongan en peligro, en el primer caso a un peligro físico porque puede que le atropelle un coche y en el segundo a un peligro emocional, porque puede que esa persona a la que insultó le responda hostilmente.

Cuando los adultxs nos colocamos en un lugar de asimetría con las criaturas, esto quiere decir que nos ubicamos en un lugar diferente a ellos, no igual, nos situamos desde nuestro ser adultxs, desde nuestra experiencia vital, nuestro conocimiento y desde ahí acompañamos a las criaturas a crecer protegiéndolas de experiencias para las cuales quizás aún no están preparadxs.

Implica limitar ciertas vivencias en algunos momentos, justamente a través de los límites, pero también implica construir un marco que le permiten sentir la seguridad y la claridad de dónde poder moverse en libertad.

La “autoridad que cuida” orienta, da dirección y esto le hace sentir a lxs niñxs seguridad tanto física como emocional.

Es vital observar si el fin de nuestra acción es cuidar o es imponerme simplemente porque tengo más poder que la criatura. Si fuera el segundo caso, estaríamos abusando de nuestro poder como adultxs.

Autoridad y límites son dos conceptos que están muy ligados entre sí. Si te interesara profundizar en la temática de los límites te invito a leer este artículo de nuestro blog.

 

¿Castigos o consecuencias?

Pero en lo concreto, ¿cómo traducimos esto a nuestro día a día?

Muchas madres y padres reflexionan, leen, comparten, debaten y también muchas veces conectan con un alto sentimiento de culpa cuando sienten que no están siendo autoridad con sus hijxs, cuando sus criaturas se vuelven prepotentes, irrespetuosas o poco consideradas con las otras personas.

La autoridad se va construyendo en el vínculo desde el inicio de la vida, no es algo que comienza cuando las criaturas tienen 3 años y comienzan a vivir con más intensidad la frustración. Aunque en las diferentes etapas del desarrollo se muestra de formas diferentes, siempre está presente que el papel de nosotrxs como adultxs es diferente al de los/las niñxs.

Cuando cuidamos que nuestrx hijx no se acerque a peligros, cuando le transmitimos cómo relacionarnos con respeto con las otras personas, cuando le limitamos en ciertas experiencias o les habilitamos a otras… en todas estas acciones estamos ejerciendo autoridad.

Y parte del ejercicio de nuestra autoridad tiene que ver con transmitirle a las criaturas que las acciones tienen consecuencias (que no es lo mismo que castigarle). Por ejemplo, “si tardas en vestirte seguramente no tengamos tiempo para jugar”, es muy diferente a: “si tardas en vestirte no mirarás la tele cuando vuelvas de la escuela”. En un caso le estoy explicando la consecuencia lógica e inmediata que tendrá su acción y en el otro estoy castigando por una acción con algo que no tiene lógica o que es diferido en el tiempo.

Por ejemplo: “si agredes o tratas mal a tus amigxs, luego puede que ellxs no quieran jugar contigo”. Esto explica una consecuencia lógica que podría tener su comportamiento y le permite a la criatura situarse y comprender mejor la secuencia de lo que pasaría. Es muy diferente a decirle a una criatura “si tratas mal a tus amigos no podrás ir al parque luego de la escuela”, esto no le aporta una buena comprensión de la situación.

Las consecuencias siempre permiten profundizar en la secuencia lógica de los acontecimientos y nos abre la posibilidad de acompañar a las criaturas en las emociones que esto pueda provocar.

Personalmente siento que las consecuencias abren esta posibilidad y los castigos la cierran, es mi poder que se impone en ello y no hay más a compartir.

Como figuras de autoridad es importante que a la vez que estamos ejerciendo esta autoridad, podamos siempre abrir espacios de dialogo para ampliar la comprensión de lo que está sucediendo, lo que no significa que negociemos con lxs niñxs cada límite o decisión.

Por ejemplo, sería como decirle a la criatura: “te explico esto de tus amigxs porque sé que luego te dolería mucho que ellxs no quisieran jugar contigo o no te tuvieran en cuenta para otras cosas luego”, “te explico, o te limito en esto o aquello porque es una forma de cuidarte”.

 

¿Favorecemos la autorregulación o buscamos obediencia?

En estos casos, estamos acompañando para que lxs niñxs desarrollen su autorregulación, es decir su capacidad de escuchar sus necesidades y teniendo en cuenta a lxs otrxs, puedan cubrir esto que necesitan. Esto implica que ellxs responderán a nuestros límites, pero sin dejar de escucharse a sí mismos y poco a poco comprenderán que estos límites juegan a favor de sus necesidades profundas.

Y por otra parte cuando nuestra autoridad se transforma en autoritarismo, en una autoridad que sólo se impone, estamos trabajando para el desarrollo de la obediencia, de criaturas que “hacen caso” pero sin desarrollar una buena brújula interna que les permita orientarse si también el adultx no está presente.

Reflexionar si queremos que nuestras criaturas sean obedientes o que más bien desarrollen su autorregulación para poder ser seres responsables de sus actos y con capacidad de diálogo y comprensión es la clave de todo este gran tema que es la “autoridad que cuida”

Dejo para un próximo artículo reflexionar sobre la diferencia entre un niñx que se “autoafirma” y un niñx que se convierte en “tirano”…