En artículos anteriores de nuestro blog reflexionamos sobre la función de los límites en la crianza. Sobre el sentido del ejercicio de la autoridad por parte de las personas adultas, diferenciando una autoridad “que cuida” de una autoridad que se impone a través de un abuso de poder y que se vuelve “autoritarismo”.
(Ver “Límites y conflictos en la innovación pedagógica” y “¿Autoritarismo o autoridad en la crianza?”)

Reflexionamos sobre la diferencia entre educar para crear niñxs “obedientes” o educar para que lxs niñxs desarrollen un buen sentido de su autorregulación, acompañada por una progresiva autonomía y sentido de la responsabilidad en la medida que corresponde a su momento evolutivo y a su maduración.

Al final de la reflexión del artículo sobre la autoridad mencionábamos que es interesante distinguir entre una criatura que está en una fase de autafirmación y una criatura que sin tener una buena referencia de límites y autoridad, se vuelve un/a “niñx tiranx”.

Una criatura puede que esté transitando por una etapa evolutiva (por ejemplo entre los dos y los tres años) donde necesite decirnos: “aquí estoy yo, y soy diferente de ti”. Esta etapa de autoafirmación puede pasar por mostrarse por momentos desafiante, oposicionista o simplemente mostrar su persistencia en una decisión o deseo que no coincida con el nuestro.

También puede que no sea una autoafirmación propia de una etapa del desarrollo sino que responda a un momento vital. Por ejemplo una niña que acaba de tener un hermanito y necesita expresarle a sus padres o madres: “aquí estoy! No se olviden que yo también necesito vuestra mirada…”.

Entonces, es muy importante que podamos distinguir esta necesidad de autoafirmarse, que es una necesidad vital y propia del desarrollo, de la frustración u hostilidad de las criaturas que se colocan en este lugar de despotismo o tiranía.

Criaturas “tiranas” o despóticas. ¿Es una cuestión de carácter?

No hay criaturas “tiranas” o despóticas por naturaleza, ni por temperamento o carácter. Lo que hay son niñxs que reaccionan a que las personas adultas no ocupemos nuestro lugar en la relación con ellxs.

Generalmente las criaturas que se vuelven “tiranas” ocupan lugares que no les tocan en la familia. Como por ejemplo es el caso de lxs niñxs que ya desde pequeñxs, sus adultxs referentes les consultan cada decisión o les invitan a tomar decisiones que no están en coherencia con su momento evolutivo como si se trataran de “iguales”, de colegas o amigxs.

Reaccionan a que sus referentes les dejemos ocupar lugares que no les tocan a nivel familiar.

Cuando un/a niñx toma decisiones para las cuales no está preparado, de alguna forma sostiene un peso demasiado grande. Esto provoca más tensión de la que su sistema está preparado para sostener y esto genera malestar, enfado y frustración. También dificulta el proceso de regulación emocional.

En una de las charlas a familias que habitualmente realizo en las escuelas un padre dijo que él dejaba que su hijo de 3 años se autorregulara en el tiempo de uso de la tablet y que le funcionaba bien porque en algún momento dejaba de jugar por sí mismo y eso le parecía que era un aprendizaje importante para su hijo.
En otra ocasión una familia me explicó que le había dado a elegir a su hija de 3 años la escuela a la que le matricularían entre tres opciones que habían visitado con ella.

Pero ¿qué sucede en estos ejemplos que traigo para reflexionar?
Estas criaturas no están tomando decisiones para las cuales tengan suficiente experiencia, conocimiento, información … están tomando decisiones para las cuales aún no están preparadxs y esto nos “pasará factura” en algún momento, tanto a ellxs como a nosotrxs como padres o madres.

Y ¿por qué una criatura se volvería hostil o despótica recibiendo toda la libertad y amor del mundo?

Muchas veces se confunde amar y respetar a las criaturas con satisfacer por completo su voluntad. La confusión viene por no diferenciar voluntad o deseo de necesidad.

Si como persona adulta referente de la crianza de una criatura no soy capaz de asumir mi lugar de responsabilidad, de tomar decisiones por ésta, de asumir el liderazgo en el proceso de crianza, al decir de Jesper Juul, entonces no seré capaz de poner límites o asumir un lugar de autoridad. Transformaré la relación con mi hijx en una relación de simetría (de ponerme de igual a el o ella), o pero aún, le pondré en un lugar de cuidarme el o ella a mí.

Esto puede que genere en la criatura en lo inmediato una sensación de fuerza, de poder, de omnipotencia, pero a la larga esto se volverá en contra de su desarrollo y será fuente de tensión.

Las criaturas que no tienen la experiencia de vivir los límites, la autoridad que “cuida”, por una parte no tienen la posiblidad de transitar y aprender sobre la viviencia de la frustración y por otra, no desarrollan un buen sentido de regulación emocional, un buen control de sus impulsos y serán personas a las que les costará tener en cuenta a lxs otrxs.

En este sentido, si el amor incondicional y la libertad no están acompañadas de unos límites que sostienen, que estructuran, de una autoridad que “cuida”, la sensación de la criatura puede llegar a ser de mucho malestar y frustración.

Y será de este malestar que surgirá la hostilidad, el poco respeto o imposición en la relación con lxs otrxs.

Esto que identificamos como “tiranía” en las criaturas no es más que la forma que ellas tienen de expresarnos su malestar y su incomodidad por el lugar que están ocupando y que no les toca.

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